La tierra canta femenino: Pasto convoca a las voces del sur

La tierra canta femenino: Pasto convoca a las voces del sur

Hay una fuerza antigua que nace de la tierra. Y en esta versión, esa tierra tiene nombre de mujer.
Así abre la convocatoria del quinto encuentro nacional y segundo internacional de Cantautoras del Sur, que este 2026 llega con nombre propio: La tierra canta femenino. Un título que no es poesía decorativa — es una declaración sobre lo que este proceso ha construido desde Pasto, Nariño, durante cinco años, y sobre lo que sigue siendo urgente: que las mujeres tomen el micrófono con sus propias historias.
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*📊 Los números que explican por qué esto importa*
Antes de hablar del encuentro, vale la pena mirar el contexto en el que existe.
Un estudio reciente de Ruidosa —plataforma latinoamericana que promueve el talento femenino— analizó cerca de 400 festivales masivos en ocho países de América Latina y encontró una realidad que incomoda: solo el 20% de las presentaciones tienen a mujeres como artistas solistas o en banda. Las agrupaciones integradas únicamente por mujeres representan apenas el 1% del total de contrataciones, y los espacios de headliner liderados por mujeres alcanzan solo el 0,4%.
Mientras tanto, en Colombia, el 48,2% de los solistas en grandes festivales son hombres. Las mujeres componen, crean, ensayan — pero rara vez lideran las carteleras.

Es en ese escenario donde hay que leer lo que hace el Encuentro de Cantautoras y Compositoras del Sur. No es un festival más. Es una respuesta organizada, sostenida y colectiva a una industria que sigue mirando hacia otro lado.

*🌱 Cinco años de voces que no esperaron permiso*
En 2021, la maestra Sandra Mora identificó algo que muchas sabían pero pocas nombraban: las mujeres músicas del suroccidente colombiano trabajaban solas, con poca proyección y sin escenarios que las juntaran. La respuesta no fue una queja. Fue un encuentro.
Todo comenzó con seis cantautoras de Pasto reunidas alrededor de una mesa de trabajo. Lo que parecía un círculo pequeño se fue abriendo: primero a nivel local, luego departamental, luego nacional, luego internacional. Hoy, cinco ediciones después, más de cien cantautoras de Colombia, Ecuador, México, Argentina y Perú han pasado por sus escenarios.
Cada encuentro ha tenido su propio título, su propia pregunta: Sentires y Cantares de las Mujeres del Sur, Voces de Vida, Vida en la Voz, Mujer, Canto y Fuerza de los Andes. No son solo nombres — son posiciones.
Hoy el proceso lo sostienen Sandra Mora, Magda Cabrera, María Amelia Vallejo, Claus Montenegro, Dayra Rodríguez y Marta Urdanivia, cantautoras y gestoras culturales con más de una década de trabajo independiente, junto a la Fundación Social Matices, que acompaña la organización de esta nueva edición.

*🎭 Un hito en el sur*
Hay un logro que merece ser dicho con claridad: el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto —declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO— es, según sus organizadoras, uno de los primeros carnavales en Latinoamérica donde las cantautoras tienen una tarima propia dentro de una festividad oficial.
No como cuota ni como relleno de programación. Como parte estructural de la celebración más importante del sur del país.
Ese espacio, que nació de una propuesta de Sandra Mora, no solo abrió puertas a las cantautoras de Pasto — también convoca cada año a una cantautora nacional como artista invitada. Un escenario que hoy es referente, y que fue construido desde cero, con convicción y sin pedir permiso.

*🌎 La doble marginalidad del sur*
Ser mujer cantautora en el suroccidente colombiano implica enfrentar una doble marginalidad: la de género, en una industria que históricamente ha cerrado sus puertas a las creadoras, y la del territorio.
Pasto no es Bogotá ni Medellín. Y desde las regiones, las barreras se multiplican: menos recursos, menos circulación, menos visibilidad en los grandes circuitos nacionales.
El encuentro nació precisamente en ese cruce. Y su apuesta por la descentralización no es un concepto vacío: es una práctica concreta de llevar el arte fuera de las capitales, de hacer que los territorios se narren a sí mismos con voz propia.


*🔥 En 2025 cruzaron fronteras*
El cuarto encuentro, realizado en 2025, fue también el primero de proyección verdaderamente internacional, con presentaciones en Perú y Uruguay.
Una expansión que no fue producto del azar, sino de cinco años de construcción colectiva, de una red que se ha tejido pacientemente entre territorios, generaciones y estilos musicales distintos.
Esa red es quizás el logro más silencioso y más poderoso del proceso: más de cien cantautoras conectadas, escenarios compartidos, historias que se cruzan. Un tejido que la industria convencional no construye — porque no le interesa.

*📣 Cómo participar*
La convocatoria está abierta para cantautoras y compositoras, y el encuentro es más amplio de lo que su nombre sugiere.
Se puede participar presentando composiciones propias e interpretándolas. También pueden sumarse compositoras que no sean cantantes — sus obras pueden ser interpretadas por otras artistas. Y hay espacio para quienes quieran ofrecer talleres o conversatorios: composición, procesos creativos, sanación a través de la música, entre otros.
Las participantes cuentan con estadía y alimentación durante los tres días del encuentro, además de actividades de integración en el territorio. Para quienes necesiten gestionar recursos de transporte, la organización puede emitir cartas de invitación oficiales.
Como novedad de esta edición, se realizará una producción discográfica colectiva con las composiciones de las participantes, construyendo una memoria sonora del encuentro.

📅 Inscripciones: del 1 de abril al 30 de junio de 2026
📍 Encuentro: 15, 16 y 17 de noviembre
📌 Lugar: San Juan de Pasto, Nariño, Colombia
Más información:
📞 +57 300 773 8047
📞 +57 317 806 6140
*🧠 Por qué vale la pena contarlo*
Mientras los grandes festivales siguen llenando sus carteleras con el mismo porcentaje reducido de participación femenina, en Pasto un grupo de mujeres lleva cinco años demostrando que se puede hacer diferente.
Sin esperar que la industria cambie. Sin pedir permiso. Sin renunciar a la independencia.
Porque el sur no termina en Nariño.
Y la tierra, cuando canta, no necesita fronteras.