«¿Quién de acá tiene entre 18 y 25 años?»
La pregunta llegó casi al final, cuando el conversatorio ya llevaba hora y media. La hizo Jhoan Ospina, actor y director de Casaparte, un espacio independiente de Armenia, y la grabación guarda lo que vino después: «Nadie. Nadie».
En Casaparte, contó él mismo, hay un taller de teatro gratuito para 14 jóvenes de esa edad, con un equipo completo de dirección y diseño. En esa sala, según su cuenta, no había ninguno.
La pregunta cerró una conversación que había empezado muy lejos de ahí: en una casa de bareque torcida, en un terremoto y en una consola de sonido guardada en el primer piso de la casa de la mamá de Nini.
Datos rápidos
Dos organizadores y una pregunta sencilla
El conversatorio es de Viviana Morales y Álvaro Zambrano. Los movió un vacío: mientras todo el mundo hablaba de reconstruir, veían pocos lugares donde la gente pudiera decir en voz alta qué sentía.
«Quisimos hacer unos conversatorios con gente interesada, amigos cercanos o gente protagonista de los sectores sociales que consideramos más importante escuchar en este momento». Para Álvaro, si la cultura es el cuerpo de saberes y tradiciones de un pueblo, en una reconstrucción tiene que participar, y con «oídos abiertos».
El primero, el 20 de septiembre, trató el impacto social del sismo. Este segundo, «Activar la cultura», llevó como lema una frase de Gianni Rodari: «No para que todos seamos artistas, sino para que nadie sea esclavo». Invitaron a tres gestores y contaron con el apoyo de Corteza Terrestre, Radio Persea, Tesoros AXM y Vivi Morales Voice Talent. Viviana los presentó por su trayectoria y por lo innovador de lo que le han puesto delante al público del departamento. Luego vino la pregunta simple: cómo lo vivieron.
«La casa estaba torcida»
Nini Ospina lidera la Fundación Carteros de la Noche, en Quimbaya: un proceso colectivo de más de 20 años que se volvió fundación en 2013. Durante cerca de una década vivieron en una casa de bareque muy vieja, con exposiciones, escuela de música y artes plásticas, biblioteca y el festival Tumbaga, que el año pasado llegó a su décima versión.
«La casa estaba torcida. Literal». Quien iba a colgar una obra se quejaba, porque ningún cuadro quedaba a la misma altura que el de al lado. Los dueños no podían arreglarla con ellos adentro, así que se mudaron a una escuelita.
Después vino el 10 de agosto. El terremoto fue de magnitud 7,4 según el Servicio Geológico Colombiano, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), y sacudió al Quindío a las 7:34 de la mañana. La escuelita terminó convertida en albergue.
«Creo que la casa ya nos estaba diciendo: “Hey, aquí no podemos”».
Vanessa Amaya, gerontóloga y parte de Casa Encuentro, en Calarcá, respondió desde un recuerdo de hace 27 años.
La Fundación Cultural Calarte nació hace más de 26 años, en las mesas de reconstrucción del terremoto de 1999; su mamá estaba ahí. Por eso el sismo del 10 de agosto les recordó para qué habían nacido: «Nosotros no paramos». En Calarcá hubo pocos daños de infraestructura, pero sí angustia. En su sede vio ansiedad, depresión y niños que llegaban con eso, y respondió con arte, mindfulness, yoga y terapias.
Jhoan fue quien habló del segundo exacto.
«Con eso que dice Nini, yo pensaba que la primera experiencia es individual». Eran las 7 de la mañana y ensayaba. En la calle vio gente gritándole a Dios y pensó: «Uy, otra vez esto». No pensó en Casaparte siquiera, «sino para dónde correr que no me cayera una casa encima». Cuando las redes colapsaron y empezaron a escribirle para preguntar por el espacio, contestó corto: «No se cayó. Estoy vivo. Eso es lo primero».
«¿Qué es lo que cargamos?»
De ahí salió la pregunta que atravesó la tarde. Nini y Jhoan la formularon, sin ponerse de acuerdo, casi igual.
Soltar la casa fue incómodo y también liberador. «Nos dimos cuenta de que cargamos y cargamos cosas». Lo nota en cómo le hablan del colectivo: «cuando me preguntan qué pasó con Carteros, me están preguntando por la casa». Y aun así, dice, «el movernos está siendo divertido, está siendo chévere».
A él le pasó con Casaparte. Semanas después del temblor se preguntó qué había ahí que le importara tanto a la gente. El año había empezado con las tres convocatorias ganadas (nacional, departamental y municipal) y un cronograma que el terremoto fue apretando, de cinco meses a tres, con permisos que ya no pasaban solo por la Secretaría de Cultura. Y aun así: «eso estuvo lleno de gente. Ha sido sorprendente que yo ya no conozco a nadie».
Su teoría: «esa necesidad de reunión de la gente frente a una pregunta que no tiene una respuesta muy clara». Unos llegaban por la suerte de que no les pasó nada, otros por el miedo, otros por optimismo, todos con la misma pregunta: «¿cómo te pone el terremoto?». Debajo hay otras, dice: «lo más profundo está en la piel».
Lo que sostiene a Carteros, dice ella, está en otra parte: «funciona en la medida en que se mantienen sólidas las redes que se han ido construyendo con el tiempo». Esa red es de lo mejor del Quindío («hay amorcito»), pero tiene grietas: «aquí en el Quindío nos han puesto a luchar por el mismo recurso».
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«El cuero es débil»
Desde la mesa se lanzó una provocación: ¿la cultura ya traía el cuero para aguantar el terremoto, como se cuenta del Teatro La Candelaria, siempre en crisis?
«No podemos ponernos esa capa de resistentes». Se ha luchado por constante y por terca, pero «el cuero es débil». Y lo remató: «mantener el cuerito sensible ayuda más que tenerlo duro».
Ella ya había avisado que no quería vender la palabra resiliencia. «Los gestores culturales siempre nos recomponemos, siempre tenemos la fortaleza y no nos queda grande nada. Es agotador».
Su versión fue más práctica: «Estamos en una tierra donde la tierra se mueve». No es normalizarlo, aclaró, es entender que hay que volver a empezar.
Jhoan trajo una frase que le escuchó a una colega: «No seas cagalástimas». Sirve para dos cosas, explicó: no victimizarse y no «comerse el cuento» que el sistema, según él, le ha vendido al artista durante 50 años, el del humilde y sacrificado que sabe vivir en crisis. En Casaparte participan profesores, médicos, abogados, parteros, roqueros, y muchos dedican el 70% de su tiempo a su oficio principal, «porque de algo hay que vivir».
Concertación aplazada y papeles en regla
Semanas antes, el Ministerio de las Culturas había aplazado a 2027 la Concertación, su programa de apoyo a organizaciones culturales sin ánimo de lucro. Desde la mesa se preguntó cómo lo recibían.
Habló de incertidumbre y desánimo. Casa Encuentro ejecuta tres proyectos con el Ministerio, uno con el departamento y dos con el municipio, y los pagos nacionales se han demorado. «Entre más pasa el tiempo, hay más organizaciones, hay más iniciativas», pero los recursos no crecen. «Es agotador».
Un festival como Tumbaga no puede escribir el proyecto a principios de año y esperar un desembolso incierto. En Quimbaya no hay convocatorias municipales desde una fallida en 2010, así que solo quedan las del departamento y las de la Nación. «Si no fuéramos personas jurídicas, chao. Uno desaparece». Hubo época en que la salida eran las empanadas y los tamales, porque muchos le temían al contador y a los papeles. Con 13 años presentando proyectos, prefiere que «escribamos y nos ganemos una convocatoria».
«Ahorita que Nini decía que Carteros es Carteros antes de ser la fundación», dijo, ellos llevan poco constituidos jurídicamente. La cuarta Muestra Internacional de Monólogos de Casaparte es la primera con financiación. Las tres anteriores salieron de comidas de las mamás, casas de amigos, «cocinando nosotros el huevo, comprando en la tienda barato», y patrocinios de tías y primos.
DATO CLAVELa Resolución 0607 del 30 de septiembre de 2026 del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes pasó la convocatoria 2026 del Programa Nacional de Concertación Cultural al año siguiente. Antes, la Resolución 1887 del 14 de septiembre había dispuesto no designar ganadores ni asignar los estímulos económicos del Programa Nacional de Estímulos 2026, por razones presupuestales.
La Concertación es el programa con el que el Ministerio financia proyectos de fundaciones, asociaciones y corporaciones culturales sin ánimo de lucro, legalmente constituidas. Es una de las vías por las que organizaciones como estas arman su programación del año.
El Ministerio explicó el aplazamiento en la propia Resolución 0607. A agosto de 2026, dice, tenía obligaciones pendientes por $184.482 millones, de los cuales $75.436 millones correspondían a compromisos con beneficiarios de convocatorias públicas. Añade que no había certeza sobre el presupuesto de 2027 y que la prioridad era normalizar los pagos antes de asumir nuevas obligaciones. En septiembre, según la resolución, el Gobierno consiguió una disponibilidad presupuestal de $40.000 millones para empezar a atenderlas. El programa no desaparece: la nueva edición se proyecta para el primer bimestre de 2027, sin fecha exacta, mientras sus equipos técnicos lo reformulan, y para los proyectos previstos en el primer trimestre de 2027 la resolución deja abierta la puerta a «otros instrumentos» de apoyo.
El proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027 asigna $706.196 millones al Ministerio, frente a $1.001.388 millones aprobados para 2026, una caída cercana al 29,5%. Una cosa es un presupuesto aprobado y otra un proyecto que apenas empieza su trámite en el Congreso y todavía puede cambiar. El proyecto que radicó en julio la administración anterior ya preveía $746.556 millones.
En lo local, la Secretaría de Cultura del Quindío presentó el 18 de agosto un primer balance: 27 gestores sin vivienda y 83 sin herramientas de trabajo. El comunicado del conversatorio, dos meses después, habla de más de 30 artistas sin vivienda y más de 85 con daños en talleres. Son fuentes y fechas distintas, pero apuntan en la misma dirección: el conteo creció. Del lado del Ministerio, lo que ha divulgado sobre el sismo se refiere sobre todo al patrimonio: 40 Bienes de Interés Cultural de ámbito nacional afectados y la Resolución 0536 de 2026, que autoriza durante seis meses acciones urgentes sobre bienes culturales.
Lo político, sin consenso
Su lectura del Ministerio anterior fue la más crítica: le pareció que en su último año los recursos se gestionaron con falta de planificación y de forma «casi populista y electoral». Del nuevo gobierno dijo que, más que incertidumbre, hay claridad: «las declaraciones son directas, son fuertes, son claras». Reconoció que su opinión era «impopular».
Fue más tajante: «no hay lógica frente al fascismo». Una caracterización suya, no de todos los presentes. Y sobre Armenia dijo que hay «una sobredimensión desde las esferas gubernamentales del desastre».
Otra voz advirtió que generalizar tampoco sirve: hay gente «muy de derecha» en el teatro, la danza y el cine, y creer que todos los artistas piensan igual «toca revisarlo». Otra, más optimista, recordó que la gente de derecha también consume cultura: «les gusta comprar el libro, les gusta comprar la boleta».
Puso el piso común: el arte no sirve para decirle a otro qué pensar. Busca que «seas tú mismo» y que «tú pienses», sea de izquierda, de derecha o de centro.
Contó de un supervisor de proyecto que llegó a una función buscando el pendón con los logos y quiso llenar el acta sin ver la obra. «Ya paró de llover. Yo me voy», le dijo.
Alguien recordó a una amiga del teatro a la que una entidad le pagó una obra sobre recoger las heces de las mascotas. Con esa plata, dijo, sí pudo sentarse a escribir lo que de verdad quería.
Desde el público, una persona recordó que en 1999 la memoria del terremoto se construyó con radionovelas, cuentos, teatro y canciones, y no desde «la hiperrealidad» de las autoridades. Hoy le preocupa que se imponga «una única versión de memoria o una única versión de cultura».
Si el Estado se demora, que se junte el barrio
Con un grupo de vecinos (una con almacén de ropa, otra con restaurante, varios gestores) armó un centro de acopio en Quimbaya. «Nosotros somos los que conocemos a la gente en el pueblo, porque uno es pueblo». Y puso un límite: «el asistencialismo sigue siendo una cosa que nos metieron desde el terremoto pasado», así que lo comunitario «tiene que empezar a replantearse».
«Estoy de acuerdo con Nini», dijo, en que el sentido de pertenencia sostiene a las organizaciones. Su ejemplo fue la exposición fotográfica de gran formato de Olga Lucía Jordán en la nueva calle peatonal de Calarcá. Tenían pocos recursos, pero los cafés y restaurantes de la zona la sintieron suya y la cuidaron, porque cada visitante podía ser un cliente. «Yo tejo una red no solamente con el sector cultural, sino con la comunidad, para que se vuelva necesaria».
Y cobrar es parte de eso. «Calarte es privada y nosotros cobramos». Si montar una exposición cuesta 4 millones de pesos, ¿por qué no cobrar entrada? Crear público, dijo, es acostumbrarlo a que «el arte es necesario, pero el arte vale».
«Nadie. Nadie»
Hacia el final, Jhoan volvió a la pregunta con la que empezó esta historia. En el taller gratuito de Casaparte hay escenógrafo, director de arte, vestuarista y tres directores, todo con plata pública.
«No van a ensayo. No saben quién es la ministra. No saben ni siquiera quiénes eran los funcionarios del gobierno pasado. No saben si son de derecha o de izquierda». Y la cuenta que no le cierra: «la gente entre los 18 y los 25 son más que nosotros. ¿Qué consumen ellos?».
Le parece «un fenómeno extrañísimo» y anunció que el lunes siguiente estrenaban una obra que habla de eso. «Porque de eso hay que hablar».
Siguió un aplauso para los invitados y el agradecimiento de la organización: «pese a todo», dijeron, hay buena actividad. Esa misma tarde habría teatro en la calle peatonal de Calarcá, organizado por la Unidad Nacional de Artistas.
Y tú, que llegaste hasta acá: ¿cuándo fue la última vez que fuiste a una obra, a una exposición o a un concierto en tu barrio? Mientras lo piensas, en Quimbaya hay una consola de sonido esperando sede.
Más información. «Escucharnos para avanzar» es una iniciativa de Viviana Morales y Álvaro Zambrano. Si quieres estar pendiente del próximo conversatorio, proponer un tema o sumarte, escríbeles:
WhatsApp: 320 292 5565 o 301 491 5175
Instagram de Viviana: @vivimorales_voicetalent
También invitan: @corteza_terrestre, @radiopersea




