Cultura: la Cenicienta que no llegó ni al baile

La cultura organiza el baile, pero a la hora de cobrar nadie se acuerda de ella. Una deuda de 185.482 millones, una resolución que cancela estímulos y un presupuesto que se achica en 2027.

Había una vez una muchacha que hacía de todo. Cantaba en los bailes, pintaba fachadas, montaba obras, daba talleres, organizaba festivales, cuidaba museos, llenaba plazas y hasta sonreía para la foto cuando había inauguración. Todo el mundo la necesitaba, pero casi nadie quería pagarle a tiempo. Le decían Cultura.

Esta Cenicienta tiene una particularidad: no espera invitación al baile. La llaman para organizarlo. El problema llega a la hora de cobrar, cuando siempre aparece alguien con la frase de rigor: «¿y no podrían hacerlo por amor al arte?» El amor al arte, como se sabe, no paga arriendo.

La propina de siempre

El cuento viene de lejos. Con Santos, la cultura recibió alrededor del 0,2% del Presupuesto General y después 0,18%. Con Duque, 0,15%. Eso no es presupuesto, es propina. Y ni eso: uno se sirve solo, lleva los platos, limpia la mesa. Y al llegar a la caja, el encargado pregunta sin pestañear: «¿desea incluir el servicio?». No, gracias. Ya puse el teatro, la biblioteca, el museo y la memoria del país.

El hada madrina compró en Black Friday

Entonces llegó 2024 y apareció el hada madrina: 1,47 billones aprobados, «el presupuesto más alto de la historia». Nos lo vendieron como la gran cosa, pero era el 0,29% del Presupuesto General: casi tres pesos de cada mil. El hada sí apareció, pero compró en Black Friday. Y la plata, además, se ejecutó mal, en 2024 y en 2025.

Un pago en trámite, por temporadas

La consecuencia fue lo más colombiano de todo: el pago pendiente. Convocatoria abierta, proyecto aprobado, contrato firmado, actividad realizada, informe entregado, factura radicada, pago en trámite. Y el estado del trámite: «estamos revisando». Eso ya no es una convocatoria, es una serie por temporadas. Uno espera el giro, el PAC, a Hacienda, la firma, hasta que por fin llega un correo con el soporte de su trámite: un PDF, sin fecha de desembolso. Y uno, agradecido, descubre que ya desarrolló una nueva habilidad: la paciencia.

El 15 de septiembre el propio Ministerio reconoció una deuda pendiente de 185.482 millones que afecta a 4.162 beneficiarios y proveedores. De esa cifra, 75.436 millones corresponden a Estímulos y Concertación.

Cenicienta no está pidiendo un vestido. Está cobrando lo que ya trabajó.

Después llegó el supuesto rescate: un PAC adicional de 40.000 millones. Ayuda, pero es apenas una parte, y todavía hay gente mirando el reloj.

—¿Y mi pago?
—Lo estamos gestionando.
—¿Cuándo?
—Próximamente.

Como los tráilers: uno ve el aviso y la película nunca llega.

Síguenos en nuestros canales y hagamos la cultura viral

Resolución 1887: el baile no va

Cuando parecía que ya habíamos tenido suficiente cuento, llegó la Resolución 1887. Esta vez el baile se canceló antes de empezar. Había artistas que ya habían leído términos, armado propuestas, grabado, escrito y enviado. La resolución dice que no habrá designación de ganadores ni asignación de estímulos en esas modalidades. Traducido al idioma Cenicienta: «Señorita, puede retirarse. El baile no va.»

—Mi propuesta quedó habilitada.
—Sí.
—¿Y el jurado?
—No.
—¿El resultado?
—Tampoco.
—¿Y el estímulo?
—Menos.
—Entonces, ¿qué gané?
—Experiencia.

Ahí sí dan ganas de convertirse en calabaza.

El príncipe encartador y el presupuesto de 2027

Mientras tanto aparece el príncipe. No el encantador: el encartador. Ese que promete rescatar la cultura, pero primero pregunta «¿cuánto cuesta?». Hablan de batalla cultural, pero la que la cultura pelea todos los días es otra: la de conseguir plata para existir. Para 2027, el presupuesto del Ministerio de las Culturas pasaría de alrededor de 1,001 billones a 706.196 millones, una reducción cercana al 29,5%.

Y no está sola en la cola: Ciencia, Deporte y TIC tienen platos todavía más flacos. ¿Quién sí come? Defensa y el helicóptero del presidente, que sí tiene plata hasta para trayectos de pocos minutos. Y Cenicienta pregunta:

—¿A mí qué me toca?
—Una servilleta.
—¿Y comida?
—No, pero puede participar en la inauguración.

Mientras tanto, el artista termina financiando al Estado con su tiempo, su equipo y su internet, y el discurso institucional repite que «la cultura transforma». Claro que transforma: sobre todo la cuenta bancaria del artista, que pasa a «saldo insuficiente».

Lo que Cenicienta está esperando

Y aquí está la moraleja. Nos ponen a discutir qué gobierno quiere más a la cultura, mientras las hermanastras se pelean frente al espejo y Cenicienta sigue trapeando el palacio. Cambian los gobiernos, los ministros, los discursos, los logos. Lo único que sobrevive es esto: la cultura es necesaria para celebrar y descartable para pagar. Porque la cultura no es el adorno de la fiesta: la cultura hace la fiesta.

Así que tal vez toca cambiar el final del cuento. Cenicienta no necesita príncipe, ni hada madrina, ni carroza. Necesita presupuesto, reglas claras, pagos oportunos y que, cuando el Estado diga «los necesitamos», recuerde preguntar también «¿cuánto les debemos?».

Porque después de tantos años, Cenicienta ya no espera el amor verdadero. Espera el comprobante de pago. Y por favor, que esta vez no llegue en PDF sin fecha de desembolso.

Sigue leyendo